El costo real de la piratería de software


El uso de software sin licencia suele empezar como una decisión de coste. Se necesita una herramienta, el presupuesto no llega, y la instalación resuelve el problema del trimestre. La factura, sin embargo, no desaparece: se aplaza y se encarece.

Lo que se ve

La parte visible es la más simple de calcular: las licencias que la empresa debería haber adquirido durante el periodo en que utilizó el producto. Es la base de cualquier regularización, y es también la parte que menos discusión genera cuando se llega a un acuerdo negociado.

Lo que no se ve

La exposición de seguridad es la más cara de las consecuencias. El software sin licencia no recibe parches del fabricante y con frecuencia llega por canales que alteran el instalador. Es una vía de entrada documentada para ransomware y para el robo de credenciales, y el coste de una brecha no guarda proporción con el de las licencias que la originaron.

A eso se añade la falta de continuidad técnica: sin soporte no hay actualizaciones ni compatibilidad garantizada con formatos y normativa nuevos. En sectores donde el modelo técnico es el entregable —ingeniería estructural, construcción, industria— un proyecto detenido por un fallo sin soporte cuesta más que el software.

Lo que cuesta esperar

El importe de una regularización negociada es sistemáticamente menor que el de una resuelta en vía judicial. La segunda añade costas, tiempo de dirección y, en varias jurisdicciones de la región, medidas cautelares que pueden interrumpir la operación.

Cuando una empresa recibe una comunicación nuestra, la vía más barata que tiene delante es casi siempre la primera: sentarse a acordar el alcance y quedar en regla.

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